NEUROTERRORISMO (Leyre O. Anduiza)
Los expertos aseguran que el alzheimer podría afectar en poco más de una generación a la mitad de la población mundial, porque se desconoce cómo prevenirlo o tratarlo. Esta es una afirmación que no comparto en absoluto, porque estoy convencida de la reversión del alzheimer, y tal como afirmo que puede revertirse, afirmo rotundamente que es posible también prevenirlo.
Creo que muchos de los principales dogmas médicos sobre la demencia están equivocados. La estadística y epidemiología son de gran utilidad y han conseguido que la medicina avance, pero hemos convertido a la medicina basada en la evidencia en poco menos que un dogma. Un dogma paralizante que insta a sus adeptos a desconsiderar actuaciones individualizadas y pormenorizadas. Solo tenemos que explorar el fabuloso mundo de los miles de millones gastados por las compañías farmacéuticas, empresas de biotecnología y agencias gubernamentales en inventar y probar medicamentos para el alzheimer en los que el titular sería "Fracaso monumental". Recordemos que tal como advertí en mi artículo titulado "JUEGO DE TRONOS", solamente la memantina se aprobó para su comercialización, y sus beneficios, además de escasos, son ampliamente discutibles. El único "avance", por llamarlo de forma educada, es que el gen ApoE alterado puede predisponernos a sufrir alzheimer, por lo que se considera un factor de riesgo.

El futuro de la medicina en cuanto a las demencias pasa por la individualización. La epidemiología, el instrumento por el que se toman a día de hoy muchas de las grandes decisiones médicas, se basa en la población, no en el individuo, pero pasamos por alto que la población es un concepto. Existen las personas, cada una con unos condicionantes psicológicos, neurológicos, bioquímicos, sociales y fisiológicos diferentes. No homogeneizados. No comparables. No intercambiables. Y en esas estamos. Continuamos paralizados ante un escepticismo estéril, una parálisis por análisis que imposibilita ir más allá de lo ya conocido, estancados en terapias inefectivas. Perseguimos el éxito de las monoterapias sin percatarnos de lo que realmente funciona, para ello hemos de basarnos en una perspectiva funcional o integrativa en la que, mediante la optimización metabólica del individuo conseguimos mejoras sustanciales a nivel neuropsicológico.
Hace unos años, en vista de las monoterapias farmacológicas y la nula efectividad de drogas habituales, pasé a analizar y a especializarme en las demencias, y en concreto en el alzheimer, y me dí cuenta de que hay que abordarlo desde una perspectiva funcional e integrativa, tratando de ver cómo mejorar de forma totalmente personalizada parámetros bioquímicos como la PCR, la resistencia a la insulina, homocisteina, IMC o la vitamina D.
Seguro que ya sobrevuela sobre vuestras cabezas el pájaro de la duda y vuelve como las oscuras golondrinas a acechar el monotema de la acumulación de las famosas placas beta-amiloide y la relación de esto con el párrafo anterior. Pues todo.
El alzheimer, y lo afirmo tajantemente, ha de dejar a un lado las monoterapias y centrarse en optimizar parámetros metabólicos relacionados con las causas de una buena función cognitiva. Se trata de reestablecer la funcionalidad e interconectividad sináptica mermada en un entorno metabólico hostil. Cuando el metabolismo de las neuronas no es el adecuado, estas van degenerando. Todas nuestras células están sujetas a un entorno metabólico que determinará su salud.
Así pues, no solo me desmarco de las tesis oficiales sino que puedo asegurar que el alzheimer es consecuencia de un metabolismo alterado y hay que personalizarlo para prevenirlo e incluso revertirlo.
Mientras en un cerebro sano se fomentan las conexiones nerviosas y la consolidación de la memoria, en uno enfermo hay pérdida de sinapsis y de memoria. Disfunción que aparece tras una alimentación inadecuada, un incorrecto metabolismo de la glucosa, la aparición de moléculas inflamatorias, un claro desequilibrio hormonal, falta de sueño, sedentarismo, factores tróficos (proteínas endógenas que actúan de forma autocrina y/o paracrina) y muy a menudo un gen ApoE alterado.
Todos ellos son factores estresantes del organismo, estresores crónicos o lo que he bautizado como NEUROTERRORISTAS: Un microbioma alterado, un intestino permeable, la ingesta excesiva de carbohidratos refinados, las grasas “trans”, la intolerancia al gluten, la resistencia a la insulina, la obesidad, la diabetes, el estrés crónico, la falta de sueño, el sedentarismo, las dietas deficitarias, el tabaco, las toxinas medioambientales y las infecciones causadas por virus, bacterias, hongos y parásitos; son entre otros los casos de la borrelia, el herpes, la babesia y las micotoxinas.
El objetivo es claro:
Hagamos del alzheimer una enfermedad rara.