DIETA DE LA ESPERANZA (Leyre O.Anduiza)

    La demencia, y concretamente el Alzheimer, es una de las enfermedades más frecuentes y devastadoras, puesto que la ciencia todavía no ha hallado una respuesta satisfactoria para combatirla, aunque resulta esperanzador ver cómo desde diversos ámbitos de la investigación se van realizando pequeños avances. 

    Una de las vertientes que la ciencia está explorando es la de la nutrición, y se ha demostrado que unos buenos hábitos alimenticios ayudan a prevenir o retardar la llegada de la EA. Investigaciones recientes señalan como factores que protegen de la aparición de la demencia, entre otros, el control de la hipertensión, la diabetes y la obesidad, todos ellos relacionados con la dieta.

    A lo largo de este año se han publicado además varios estudios científicos de calidad evidenciando la disminución del riesgo de padecer EA o de disminuir la progresión de la misma asociada a las dietas mediterránea, japonesa y la dieta MIND, pero hemos de ser cautos a la hora de afirmar tajantemente que cualquiera de las mismas prevengan el deterioro cognitivo.

    Las conclusiones del informe refuerzan la idea, también demostrada parcialmente en otros estudios, de la eficacia de una buena dieta para evitar o posponer la llegada del Alzheimer. Es conveniente no fumar, hacer ejercicio frecuentemente, reducir la ingesta de alcohol y cuidar la dieta, que debe ser rica en fibra, minerales y antioxidantes. Han de primar los alimentos no procesados y ha de incluir frutas, verduras, legumbres, pescados y mariscos. En cambio hay que reducir la presencia de carnes rojas y de azúcar. 

    En definitiva, unos hábitos saludables que en gran medida forman parte de la dieta mediterránea, y puede ser beneficiosa en la progresión de la EA, y las tres dietas mencionadas (meditarránea, japonesa y MIND) cumplen los citados requisitos. En sentido contrario encontramos las dietas basadas en un mayor consumo de ácidos grasos saturados y alta ingesta de calorías, así como el exceso de bebidas alcohólicas, que aumentan el riesgo de padecerla.

    Pero ¿qué ocurre cuando la EA ya está presente? ¿Puede la dieta decelerar el proceso de neurodegeneración?. La respuesta es un SI tajante, pero para ello hay que administrar al paciente una dieta acorde con el tipo de EA que padece. Personalmente no comprendo cómo en los diversos centros donde podemos encontrar este tipo de pacientes, se les administra a todos la misma dieta, sin tener en cuenta sus carencias minerales y/o vitamínicas ni su tipo de alzheimer, cuando desde el ámbito de la investigación, se insiste en que la medicina del futuro para la EA, son los programas personalizados, y cuando se sabe con certeza que ciertos alimentos provocan un exceso de azúcares que provocan inflamación cerebral, desencadenando procesos bioquímicos que llevan a la EA.

    Para entender cómo la alimentación influye en la EA, hemos de saber que normalmente el cerebro utiliza la glucosa, producto de la descomposición de los carbohidratos, como combustible primario. Pero, en las investigaciones se ha comprobado que, en las etapas tempranas de la enfermedad de la EA, el cerebro no es capaz de usar con eficacia la glucosa como fuente energética.

    Valiéndose de gammagrafías cerebrales que muestran el uso energético, se ha determinado que  podemos usar las cetonas, (un químico que proviene del desecho de las grasas alimenticias) como fuente energética alternativa. Por ejemplo, cuando una persona sigue una dieta cetogénica, baja en carbohidratos y rica en grasas, utilizan esas cetonas como fuente energética en lugar de los carbohidratos.

    Se ha comprobado así que los pacientes que padecen la EA se pueden beneficiar de esa dieta, obligando al cerebro a usar las cetonas como fuente energética. Todo un hallazgo que abre una puerta a la esperanza dentro del enmarañado mundo de los entresijos del alzheimer.

El objetivo es claro:
     Hagamos del Alzheimer una enfermedad rara.

Entradas populares de este blog

SUPERVITAMINARSE Y MINERALIZARSE

EN LA PUNTA DE LA LENGUA