INTESTINO Y CEREBRO (Leyre O.Anduiza)
Las bacterias desempeñan un papel importante en la relación entre cerebro e intestino. Durante los primeros meses o años de vida, que es también cuando el cerebro se está desarrollando el estrés de la madre o una infección puede afectar a la microbiota del niño. También cuando se producen enfermedades neurodegenerativas, como el Parkinson o el Alzheimer, diferentes cambios en la microbiota y en el intestino dan señales de alerta antes de que empiecen los síntomas neurológicos.
Asegura que el cerebro influye en los mediadores del estrés en el intestino y eso hace que cambie la microbiota, y que por tanto nuestro estado de ánimo, la ansiedad o el bienestar que sentimos pueden tener también su origen en el aparato digestivo.
Los enfermos de alzheimer son tratados a menudo con antidepresivos, bien por un diagnóstico erróneo, bien por un exceso de agresividad; pues bien, este doctor afirma que esos antidepresivos actuarían en el intestino del enfermo y no en el cerebro como se cree.
Estos fármacos tratan de aliviar la depresión aumentando los niveles de serotonina, pero según su teoría, y mientras la mayoría de expertos considera que el aumento de este neurotransmisor en el cerebro ayuda a mejorar el estado de ánimo, él asevera que el 95% de la serotonina en el organismo se encuentra en el sistema digestivo, donde los fármacos estimularán la producción de serotonina en el intestino cambiando las señales químicas enviadas al cerebro por el nervio vago.
Afirma además que si sufrimos trastornos digestivos, lo mejor que podemos hacer para cuidar nuestra salud, además de vigilar nuestra alimentación, es practicar algún tipo de meditación.
Si estamos muy estresados y sufrimos ansiedad, es muy importante seguir una buena dieta, equilibrada, muy rica en verduras y frutas.
La teoría del Doctor Mayer explicada de una manera sencilla, sería como el pez que se muerde la cola: sentimos ansiedad, eso provoca contracciones y secreciones en el intestino que cambian la microbiota intestinal que produce diferentes metabolitos que van al cerebro. Y así constantemente.
De ahí puede deducirse que el aumento de diagnóstico de alzheimer en personas cada vez más jóvenes es directamente proporcional al estilo de vida que llevamos. Estrés, comidas rápidas, medicación excesiva, falta de sueño...
Pero este círculo vicioso puede romperse, tanto actuando sobre el cerebro, como haciéndolo sobre el intestino. La meditación es una excelente manera de conseguirlo.
Lo mejor que se puede hacer por la propia salud es practicar algún tipo de meditación, como mindfulness, yoga o alguna técnica de reducción del estrés.
Se sigue investigando acerca de si la meditación y la terapia cognitiva modifican la comunidad de bacterias de nuestro intestino.
¡Tiempos fascinantes para la medicina!
El objetivo es claro:
Hagamos del alzheimer una enfermedad rara.