RELACIONES TÓXICAS (Leyre O.Anduiza)
Aproximadamente el 25% de las personas tenemos una susceptibilidad genética a las biotoxinas, y eso hace que seamos vulnerables a enfermedades crónicas, incluido el deterioro cognitivo o el Alzheimer si estamos expuestos al moho y a los tóxicos. Analicemos nuestras "relaciones tóxicas".
Habitamos un mundo increíblemente tóxico. No somos conscientes de todas las cosas que aumentan nuestra carga tóxica. La toxicidad puede encontrarse en los lugares más insospechados. Los metales pesados están en todo, desde cosméticos hasta empastes dentales. ¿A quien se le ocurrió la “genial idea” de poner un metal tóxico como el mercurio en nuestra boca?.
Debemos preocuparnos por el riesgo de ingestión de mercurio. Peces depredadores como el atún o el pez espada lo contienen. La toxicidad del mercurio es un problema grave. Lo almacenamos en grasa, y se almacena en nuestro cerebro. Se recomienda el pescado como una opción saludable para el cerebro, pero si lo que queremos es evitar el deterioro cognitivo, debemos alimentarnos de aquellos peces más pequeños como boquerones, sardinas, caballa, salmón silvestre y arenque.
Mohos, toxinas, hongos y metales pesados, contribuyen al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas y al riesgo de padecer enfermedad de Alzheimer. Las enfermedades crónicas no ocurren por casualidad. Requieren un período de tiempo y siempre hay una razón subyacente relacionada con la genética y estilo de vida, y en el alzheimer en edades tempranas una exposición aguda a los tóxicos, es el punto de inflexión.
El moho por ejemplo, puede definirse como "el gran desintegrador de la naturaleza", y se convierte en un gran problema cuando está dentro de casa. Desafortunadamente las construimos con elementos que le encantan al moho como los paneles de yeso.
Si vivimos en un ambiente con moho y comenzamos a desarrollar problemas cognitivos, los cambios en nuestro estilo de vida, como la dieta, el ejercicio y la reducción del estrés, pueden ser útiles y se recomiendan. Pero los hábitos saludables por sí solos no serán suficientes para detener el deterioro. Ninguno de ellos será una cura perfecta si nuestro hogar es tóxico, si sufrimos pérdida cognitiva u otros problemas de salud importantes relacionados con el moho. Así pues, evitar una mayor exposición al moho se convierte en una necesidad, ya sea en nuestra propia casa o en otro lugar.
Pero el moho no es de ninguna manera el único peligro ambiental que se debe tener en cuenta. Los productos químicos y metales pesados como el plomo, el mercurio o el arsénico están presentes en muchos alimentos y productos domésticos. Se convierte en nuestra responsabilidad como consumidores comprender y evitar los riesgos.
El plomo también es un gran problema. Pintura con plomo, gasolina con plomo... El plomo se encuentra en muchas otras cosas: tinte para el cabello, maquillaje, lápiz labial... Un gran problema para las mujeres. Y para colmo es una toxicidad generacional, porque se almacena en la grasa y en los huesos largos y puede transmitirse.
Debemos leer las etiquetas de los productos con cuidado: Por ejemplo, la mayoría de las etiquetas en el pollo que compramos dicen: totalmente natural, o incluso podrían decir que se alimenta con una dieta vegetariana orgánica. Los pollos no son vegetarianos. Son omnívoros. Quieren comer insectos o gusanos. Busquemos ese pollo que pueda salir, cazar y picotear. Siempre tenemos que pensar en cómo obtenemos nuestros alimentos y de dónde provienen.
Los peligros ambientales, incluido el moho doméstico, las toxinas y los metales pesados pueden desempeñar un papel importante en el deterioro cognitivo y la demencia. Desde una perspectiva tóxica, todos tenemos la responsabilidad de conocer los peligros a los que exponemos a nuestro cuerpo.
El objetivo es claro:
Hagamos del Alzheimer una enfermedad rara.
