¡LAS LLAVES! (Leyre O. Anduiza)

    No es mi intención alarmar a nadie, pero creo necesario hablar acerca del Deterioro Cognitivo Leve (DCL), puesto que el diagnóstico precoz sigue siendo uno de los principales desafíos en el manejo de las enfermedades neurodegenerativas, ya que deben desarrollarse protocolos para identificar a las personas de alto riesgo y tratarlas mucho antes de la aparición de síntomas detectables.

    Intentar sin éxito recordar la palabra adecuada, el nombre de una persona en un momento determinado, olvidar las llaves, la lista de la compra, o dónde hemos dejado aparcado el coche, no deberían ser en principio motivo de preocupación. Pero si estos pequeños olvidos a los que normalmente no damos importancia se agravan o se prolongan en el tiempo, podemos estar teniendo un problema.

    El deterioro cognitivo leve (DCL), se considera la antesala a patologías de mayor relevancia, aunque debo matizar que la mera presencia del DCL sin estar acompañada de otras pruebas y biomarcadores, es insuficiente para realizar un diagnóstico que pronostique que va a derivar o ya estamos ante la Enfermedad de Azheimer (EA). No olvidemos que la EA subyace en las personas hasta 10 años antes de manifestarse de manera inequívoca, por tanto es primordial conocer un diagnóstico certero cuanto antes.

    En la práctica clínica, el DCL es conocido sobre todo entre los neurólogos, psicólogos y neuropsicólogos, pero me atrevería a decir que desgraciadamente, hay muchos profesionales de la salud que consideran el DCL como "achaques propios de la edad" o espetan simplemente un “no tienen de qué preocuparse” sin darle mayor importancia, cuando en realidad sí que deberíamos hacerlo. Sin obsesionarnos obviamente, habría que intentar al menos llegar al fondo de la cuestión para poder afrontar la situación con alguna garantía.

    El diagnóstico de DCL debido a enfermedad de Alzheimer requiere la realización de biomarcadores fisiopatológicos, porque en los primeros estadios de la EA, la afectación de memoria suele estar presente, pero hay casos donde la memoria está preservada.

    Si bien por protocolo el uso de marcadores PET no se recomienda en la práctica clínica, personalmente insisto en el uso de la PET en pacientes con DCL para valorar el riesgo de progresión a EA y para ayudar al diagnóstico diferencial en la sospecha de la presencia de la enfermedad, en especial en casos de personas con síntomas de inicio temprano, es decir, menores de 65 años y en la DCL persistente o progresiva de etiología no aclarada. Reconozco que son pruebas costosas, pero habría que determinar la certeza del diagnóstico antes de diagnosticar erróneamente como tristemente ocurre en numerosas ocasiones, lo que no hace otra cosa que agravar el problema.

    Por tanto, no consideremos el DCL como un proceso normal de envejecimiento, sino como un signo o la manifestación temprana de que algo más grave puede estar sucediendo en nuestro Sistema Nervioso Central (SNC), de modo que debemos prestarle la atención que merece, y ante la más mínima sospecha, ponernos en manos de profesionales (psicólogos, neuropsicólogos a través de los test y de su experiencia profesional, neurólogos a través de pruebas diagnósticas…) para que nos ayuden a determinar qué es lo que realmente ocurre.

    El objetivo es claro: 

    Hagamos del alzheimer una enfermedad rara.

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