ENEMIGOS ÍNTIMOS (Leyre O. Anduiza)
Cuando hablamos de la enfermedad de alzheimer (EA) es inevitable preguntarnos cómo es posible que no exista algún tratamiento eficaz o algún medicamento que lo cure.
La EA no se origina de la noche a la mañana, es un proceso que lleva al menos 10 años gestándose antes de mostrar señales inequívocas de su existencia, y su fisiología no es fácil de entender, máxime si tenemos en cuenta que no existe un solo tipo de alzheimer. Hay varios tipos con sus subtipos correspondientes.
El problema de los profesionales, normalmente neurólogos, que tratan esta patología es que estandarizan el tratamiento, y en muchas ocasiones el paciente empeora en lugar de mejorar. Esto ocurre porque no todos los tipos de alzheimer requieren el tratamiento protocolario y específico consistente en recetar inhibidores de la colinestrerasa tratando así de retrasar la degradación de la acetilcolina liberada en las hendiduras sinápticas para reforzar la neurotransmisión colinérgica.
La intención del profesional es ayudar al paciente a retrasar al máximo su deterioro, pero deberíamos preocuparnos primero en conocer las causas que contribuyen a la falta de neurotransmisión, ya que dependiendo del tipo de alzheimer al que nos enfrentemos, habrá que actuar de una manera o de otra. Además, estos tratamientos basados en la memantina, han mostrado una eficacia temporal, y solamente en la etapa leve a moderada de la enfermedad, demostrando que de momento poco más puede hacer la farmacología por la EA
Entonces... ¿Existe alguna solución?. Pues bien, la solución es tan delicada y compleja como la misma enfermedad. La EA no es tan solo fruto de la acumulación de proteínas beta amiloide y TAU y de la formación de los famosos ovillos neurofibrilares. Debemos ahondar en el proceso y llegar a la génesis del mismo para comprender que la EA es multifactorial. Son muchos los factores que contribuyen a su formación, y debemos actuar eliminando las causas que los provocan. De nada sirve bloquear las proteínas beta amiloide y TAU si el organismo del enfermo sigue siendo incapaz de eliminarlas y las sigue produciendo.
La medicina tradicional por sí sola no va a poder ayudarnos a superar la EA con éxito. Debemos utilizar para ello todos los medios a nuestro alcance. Tratándose de una patología multifactorial, la solución ha de ser multidisciplinar, y para ello debemos abrir nuestra mente y pensar que para enfrentarse con éxito a la EA debemos contar con todo un equipo de profesionales especializadas cada uno en su campo, y que no todas esas personas van a ser necesariamente lo que conocemos oficialmente como "profesionales de la salud".
Para ello debemos dejar de ver a los profesionales de la medicina alternativa o a otros profesionales ajenos al Sistema de salud (acupuntores, homeópatas, osteópatas...) como una especie de "impostores", Como si ser médico naturópata significase ser enemigo de la medicina tradicional y viceversa. Pues bien, abramos la mente si queremos combatir la EA, porque lo ideal para tratarla sería unir a estos "enemigos íntimos", y crear una especie de híbrido entre un reputado neurólogo y un maestro de otros tipos de medicina. Esa unión es hasta ahora la única que ha demostrado su eficacia en la reversión de la EA.
La solución pasa por la multidisciplina y la personalización. Aunar la sabiduría de todos para llegar a equilibrar el mecanismo que desencadena tan terrible enfermedad. Para ello hemos de pensar en lo que son capaces de aportar unos y otros. La reversión de la EA es complicada pero posible, así que olvidemos los prejuicios y pongámonos manos a la obra.
El objetivo es claro:
Hagamos del alzheimer una enfermedad rara.
